martes, 27 de mayo de 2008

LEYENDAS DE MEXICO LA DAMA ENLUTADA SAN LUIS POTOSI


ACTITUD XXI LA REVISTA

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LA DAMA ENLUTADA


El joven taxista miro su reloj, un haste de 24 joyas que marcaba las 21:30 hrs. a esa hora San Luis Potosí lucia como pueblo fantasma, ni un alma se veía por sus calles desiertas, Alfonso dio cuerda a la pequeña maquina de tiempo; solo entonces reparo en el fuerte olor a nardos, la flor de los cementerios pero su lógica le indico que estando estacionado frente a la iglesia de San José era normal la fragancia; Siguió leyendo el periódico que comentaba las ultimas noticias, el fin de la segunda guerra mundial, la rendición de emperador hirohito después del estallido de las dos bombas nucleares en Hiroshima y Nagasaki.



De pronto lo sobresalto el ruido de unos "nudillos" tocando la ventana del copiloto de su auto, era una señora vestida toda de negro con una peineta alta y un velo que parcialmente cubría su rostro -Buenas noches- dijo la dama- necesito un servicio especial no se si usted me lo pueda brindar -Estoy a sus ordenes- contesto el joven -Quiero que me lleve a todas las iglesias de la ciudad y me espere en cada una de ellas mientras rezo un rosario y la ultima será la del Saucito- explico la mujer; el muchacho pensando que con ese viaje cubriría su cuota diaria, acepto el trato después de acordar los 25.00 que pagaría su cliente, de tal modo que recorrieron San José, San Agustín, El Carmen, San francisco, San Miguelito, San Juan de Guadalupe, El Santuario, La Compañía, Tequis y terminaron su recorrido en la ya citada iglesia del Saucito, ubicada a un costado del panteón municipal.



Cuando llegaron al lugar, la señora le dijo al chofer, -Señor: aquí me quedo, no traigo dinero pero le voy a dar mi tarjeta, si tiene pluma se la firmo y mañana puede pasar a cobrar a esta dirección pregunta por el señor Roberto Hernández Muro y con gusto pagara sus honorarios. De muy mala gana pero viendo que no tenia otra opción, Alfonso acepto y se marcho a su casa.



Al día siguiente, el trabajador del volante llego a la finca ubicada en la calle Parrodi No. 32 y pregunto por el susodicho, cuando este le atendió, el muchacho le comento lo sucedido la noche anterior, le entrego la tarjeta y el velo que la fémina había olvidado en el asiento de atrás del vehículo, Don Roberto, al ver la firma de su esposa rompió en lagrimas, beso el velo y le dijo a Alfonso: -Querido amigo: con gusto pagare lo que me pide, y algo mas por el servicio que presto a mi mujer, pero antes debe saber que la dama a quien llevo a todas esas iglesias, justo ayer cumplió un año de muerta, tome usted 100.00 y vaya con Dios.


El joven subió al auto, pero ya iba pálido como la cera, y peor fue su impresión cuando descubrió la peineta de la mujer en el asiento del copiloto, en ese instante, sufrió un ataque fulminante al corazón, que lo mato, cuando lo sacaron del vehículo, los socorristas notaron un fuerte olor a nardos, las flores del cementerio.


Texto: Javier Suarez


fotografía: Sylvia Karina Sánchez